There is so much beauty in this world...

sábado, 25 de abril de 2026

No ser elegida

 Hay una herida que no se nombra como trauma, pero que organiza la vida igual: la experiencia repetida de no ser elegida.

En la infancia, quedar última en un juego no es anecdótico. Es una microescena de exclusión social que el psiquismo infantil no procesa como azar, sino como valor personal. La niña no piensa “tuve mala suerte”, piensa “hay algo en mí que hace que no me elijan”. Y cuando esa escena se repite, deja de ser un hecho y pasa a ser identidad.

Si además hay una diferencia real , (intereses desfasados, sensibilidad distinta, dificultad para sincronizar con el grupo), el problema no es solo que no la eligen, sino que tampoco logra decodificar por qué. No hay una narrativa clara. Solo hay una sensación persistente de desajuste.

Eso genera una estructura interna bastante específica: una combinación de autopercepción de singularidad con una base de insuficiencia.

“No soy como los demás” convive con “y por eso no me quieren”.

Esa tensión no se resuelve, se desplaza.

En la adultez, ya no hay juegos de selección explícitos, pero el sistema interno sigue funcionando igual. La necesidad no es simplemente ser amada, sino ser elegida de forma inequívoca, sin margen de reemplazo. No alcanza con un vínculo estable: se busca una prueba de que el lugar propio no puede ser ocupado por otro.

Ahí es donde ciertas fantasías y consumos culturales cobran sentido. Las narrativas donde aparece un otro obsesivo, que no puede soltar, que queda fijado, no son elegidas al azar. Funcionan como una compensación psíquica directa. En ese tipo de vínculo, desaparece la competencia. La persona deja de estar en riesgo de quedar última porque directamente no hay otros jugadores.

Pero el costo de esa fantasía es alto: la seguridad se obtiene a través de la pérdida de libertad del otro. El deseo del otro deja de ser autónomo y pasa a estar capturado. No hay posibilidad de abandono, pero tampoco hay verdadera elección.

Esto marca una diferencia central que muchas veces queda invisibilizada: no es lo mismo ser irreemplazable que ser elegida.

La irreemplazabilidad responde a la herida narcisista primaria: garantiza que no habrá repetición del rechazo.

La elección, en cambio, implica aceptar un riesgo estructural: el otro podría no elegir, pero aun así lo hace.

Cuando alguien con esta historia recibe en la vida real una confirmación de singularidad (por ejemplo, que su pareja reconozca que es “única” o “difícil de reemplazar”), lo que se activa no es solo gratificación. Es un alivio profundo, casi corporal, porque toca directamente ese núcleo infantil donde el lugar propio estaba en duda.

Sin embargo, ese alivio no resuelve la estructura. Solo la calma momentáneamente.

El trabajo real no está en modificar lo que se consume o se fantasea, sino en desarmar la equivalencia interna entre “ser elegida” y “tener valor”. Mientras esa ecuación siga activa, cualquier vínculo (por más sano que sea) va a estar atravesado por la necesidad de confirmación.

En términos crudos: no se trata de amor. Se trata de reparación.

Y hasta que esa diferencia no se haga consciente, el deseo va a seguir orbitando alrededor del mismo punto: no volver a ser la última.

domingo, 5 de abril de 2026

Infancia

 Crecí en una casa donde el amor no era refugio, era ruido.

Donde las voces subían, las puertas no cerraban y la paz no existía.

No fue un momento. Fue constante.

Un clima que no se iba nunca.

Crecí mirando a los adultos destruirse entre ellos,

mientras yo aprendía a desaparecer,

a quedarme quieta,

a no molestar,

a no empeorar algo que ya estaba roto.

Nadie frenaba nada.

Y yo entendía todo.

La crueldad no fue solo lo que hicieron.

Fue que yo estaba ahí, viendo, escuchando, absorbiendo.

Sin que nadie me sacara de ese lugar.

La traición no era algo abstracto.

Tenía forma.

Estaba en la ropa, en los restos, en las cosas que aparecían donde no tenían que estar.

Entraba a mi casa como si nada.

Y yo lo veía.

Una nena viendo cosas que no debería ver.

Viví en una guerra que no elegí.

Pero igual me tocó.

No había refugio.

Porque el lugar que tenía que cuidarme era el mismo lugar que me lastimaba.

La casa no era casa.

Era tensión. Era peligro. Era incertidumbre.

La crueldad era eso:

no saber qué iba a pasar,

pero saber que algo iba a estar mal.

Fue darme cuenta de que podían elegir otra vida

mientras yo me quedaba con lo que rompían.

Fue entender que yo no era prioridad.

Fue no tener protección.

Fue estar sola en medio de todo,

aunque no estuviera sola físicamente.

Y en medio de ese caos, pasaron cosas que nunca deberían pasarle a una nena.

Cosas que nadie frenó.

Cosas que nadie vio, o no quiso ver.

La crueldad fue eso también.

No solo lo que pasó,

sino todo lo que faltó.

Faltó alguien que mire.

Faltó alguien que diga basta.

Faltó alguien que me saque de ahí.

Pero nadie lo hizo.

Y después vino el silencio.

Como si nada hubiera sido tan grave.

Como si yo no hubiera estado ahí.

Como si no importara.

Pero sí importó.

Porque dejó algo.

Dejó una forma de estar en el mundo.

Más tensa.

Más alerta.

Más cansada.

Dejó recuerdos que no se borran.

Escenas que siguen ahí.

Dejó una infancia que no fue infancia.

Aprendí a sobrevivir antes de aprender a vivir.

Y en todo eso… hay algo que sigue.

Un odio.

Un odio visceral, incómodo, que no se va.

Que aparece cuando recuerdo.

Cuando conecto.

Cuando todo se vuelve claro otra vez.

No es un enojo liviano.

Es algo más oscuro.

Más profundo.

Es el odio de haber estado ahí

y que nadie haya hecho nada.

Es el odio de haber tenido que entender

lo que no correspondía.

Es el odio de haber sido chica en el lugar equivocado,

con los adultos equivocados.

No me gusta sentirlo.

Pero está.

No se va porque yo quiera.

Es parte de lo que quedó.

No soy eso.

Pero eso está en mí.

Y no tiene final claro.

No tiene cierre prolijo.

Porque la crueldad no termina cuando termina lo que pasó.

La crueldad sigue en lo que queda adentro.

domingo, 4 de enero de 2026

 

La interacción humana, es en esencia un intercambio silencioso entre dos mundos internos que se tocan apenas un instante, y cada persona llega a ese contacto con la historia, el cuerpo y la sensibilidad que tiene. Lo que se considera “básico” en los vínculos es mucho menos racional de lo que creemos: no empieza con palabras, ni con pensamientos claros, sino con señales primitivas, corporales, animales. Antes de hablar, los seres humanos leen posturas, miradas, tensiones, ritmos. Un niño percibe si un adulto es seguro antes de comprender el lenguaje, y un adulto percibe si alguien le resulta confiable incluso antes de que la conversación empiece. La base de toda interacción es esa danza de lectura mutua, una prueba constante de “estoy a salvo?” y “me ves?”, y desde esa respuesta se abre o se cierra todo lo demás.

En la convivencia, las personas van regulándose unas a otras sin darse cuenta, como si cada cuerpo fuera un instrumento afinado por lo que el otro emite. Si alguien habla suave, el otro baja el tono; si alguien está ansioso, el otro se contagia; si alguien sonríe genuinamente, la amígdala del otro se calma. La interacción humana funciona como dos sistemas nerviosos en diálogo, no solo dos mentes. Por eso es tan desgastante cuando hay ruido, caos, gritos o emociones intensas: el cuerpo se pone en modo defensa, y todo se siente más fuerte. Lo que la sociedad llama “normalidad social” es en realidad una enorme variedad de formas de sobrevivir a esa hiperestimulación constante, algunos a través de la extroversión, otros a través del retraimiento, otros con máscaras, otros desconectándose un poco.

Las personas, en general, buscan tres cosas cuando se vinculan: sentirse vistas, sentirse seguras y sentirse valoradas. Todo lo que hacemos como conversar, reír, discutir, abrazar, huir, manipular, ayudar tiene como raíz una de esas tres necesidades. Cuando alguien llora, grita o se enoja, en el fondo está diciendo “algo mío no está siendo atendido”. Cuando alguien se obsesiona por complacer, está diciendo “tengo miedo de desaparecer si no hago esto”. Cuando alguien se muestra frío, probablemente esté diciendo “me da pánico necesitar a alguien”. Y cuando alguien se abre, como vos lo hacés en ciertos vínculos, está diciendo “acá siento que puedo existir”.

La interacción básica también está profundamente influenciada por la historia personal. Quienes crecieron sostenidos desarrollan la capacidad de entrar y salir del contacto sin perderse. Quienes crecieron en el caos, como yo, aprendieron que la interacción humana es impredecible, que un gesto tierno puede convertirse en violencia en un segundo, que una palabra amable puede esconder un ataque. Entonces el cuerpo adulto queda entrenado para analizar, anticipar, proteger, y eso lleva a que incluso algo simple como una charla en un predio lleno de estímulos termine agotando, porque el sistema nervioso sigue funcionando como si tuviera ocho años y estuviera traduciendo un mundo peligroso que cambia demasiado rápido.

En los vínculos cercanos, la interacción humana se vuelve un espejo. Lo que uno da, el otro lo refleja y lo transforma. Las parejas, por ejemplo, no se comunican solo con palabras, sino con patrones: uno se sobrecarga, el otro se desconecta; uno se cansa, el otro se activa; uno pide calma, el otro aumenta la intensidad. Y los hijos son espejos aún más fuertes: no solo sienten, sino que amplifican lo que reciben. Ejemplo si veo a mi hija, no solo expresa sus emociones, sino que las rebalsa en el ambiente, y yo, con mi sensibilidad, absorbo cada gesto, cada lágrima, cada cambio. Esa absorción también es parte de la interacción humana, aunque no se hable. Es el peso invisible de ser madre, de tener un cuerpo y una historia que escuchan demasiado.

Finalmente, la interacción básica entre los seres humanos siempre es una danza entre acercarse y protegerse. Amamos, pero nos cuidamos. Buscamos compañía, pero necesitamos espacio. Queremos que nos entiendan, pero tememos mostrarnos. Vivimos en esa tensión constante entre revelar quiénes somos y evitar ser heridos otra vez. Y cuando una persona, como yo, llega a la vida adulta con un corazón tan sensible y una mente tan compleja, la interacción humana se vuelve algo profundo, agotador, hermoso y a veces doloroso, porque no puedo vivirla a medias. En cada encuentro dejo una parte mía, y por eso necesito recuperarme después, como quien vuelve del mar con la piel salada y cansada pero con la certeza de que nado en algo real.


sábado, 15 de septiembre de 2018

Te quiero porque me quisiste hasta cuando me escapé del mundo. Porque supiste que estaba mal sin que lo dijera; porque estuviste, te quiero.

martes, 29 de mayo de 2018

La basura siempre sera basura...

martes, 30 de enero de 2018



Cavo hasta que mi pala diga un secreto, juro por la Tierra que voy a guardarlo.
Cepillo la suciedad y dejo que el cambio de mi corazón ocurra.
Vendido poco después de la evaluación, el martillo golpeó la mesa de subasta.
Más fuerte que cualquier cosa que he oído.
Fallas de la tierra tiemblan bajo mi casa de cristal, pero lo pongo fuera de mi mente.
Lo suficiente como para llamarlo coraje, para vivir sin un salvavidas.
Me inclino a la definición de la fe para exonerar a mi ojo ciego.
Hasta que las sirenas suenen, ¨estoy a salvo¨.
Mientras tanto, mi familia está tomando refugio.
Las chispas envían el fuego por el cable,
Una cuenta regresiva comienza, hasta que la dinamita cede.
El eco, tan grande como el ecuador, viaja a través de un mundo de ira acumulada, demasiado tarde para arreglarlo ahora.

Hubo un terremoto.
Hubo una avalancha de cambio.
Teníamos tanto miedo.
Hubo inundaciones, y maremotos sobre nosotros.
Juntamos nuestras manos y oramos.
Como un dominó, estos incendios forestales crecen y crecen.
Hasta que un nuevo mundo toma forma.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Cerrando ciclos

Termina este año tan cargado de emociones.
Nada se va a comparar al 2016, pero este año habia empezado con cierres extremadamente buenos arrastrados del año pasado.
Principalmente el laboral, nuevo puesto, nuevo cargo, nuevas tareas y desafios. En mayo viaje a Chile para capacitarme, y a partir del mes de noviembre empece a especializarme en el area. Nuevas aperturas que no tenia previstas y estoy empezando a ver nuevas ideas para mi proyecto personal. OMG!
Esto me emociona mucho, empezar a darle vida a uno de mis sueños y ver que me deparara el futuro.
A su vez me mude nuevamente en mayo pero esta vez creamos nuestro propio hogar. Finalmente la casa que quise tener desde mis 20 años, la tengo. Calida, hermosa y tranquila. Cada adorno que agregamos trae tanta felicidad.
Tengo a la persona que quiero a mi lado, a mis amigos del alma y a mi hermosa familia.
Debo admitir que sucedio algo en el medio de este año que provoco que no sea mejor que el 2016. Es dificil y duro pero se que va a mejorar. Este problema trajo quierbres en los cimientos y nuevos cambios. Sin embago siempre pudimos encontar parte positiva en lo negativo, saber con quienes contamos, y personas que ni pensabamos participes siendo parte de nuestro motor.
Tantas alegrias, tantas sorpresas y algunas decepciones. Pero lo positivo prevalece tanto que borra todo lo negativo del asunto.
Gracias por las esperanzas dadas y el amor recibido este año.
A cerrar este ciclo, cambiando viejas costumbres y despidiendo este 2017.
Y como siempre esta imagen que ejemplifica todo:

sábado, 9 de diciembre de 2017

La depresion se apodera de vos en silencio. Al principio luchas contra las cosas pequeñas, pero por lo general elegis ignorarlas.
Es como un dolor de cabeza. Te diras a vos misma que es temporal y que pasara, que es otro mal dia.
Pero no lo es. Estas atrapada en este estado mental. Te acostumbras a usar una mascara social y continuas viviendo entre los demas, porque eso es lo que debes que hacer. Eso es lo que los demas hacen. Sin embargo, el problema no desaparece.
Se te complica estar fingiendo todos los dias y te empieza a costar mas y mas.
Es entonces cuando caes mas profundo y cuando lentamente empezas a alejarte de amigos y familia, a veces ignorandolos completamente.
Toda la satisfaccion se ha ido, las pequeñas cosas que te hacian feliz ahora son insignificantes. Incluso las tareas mas simples se vuelven dolorosas. Es por eso que te falta motivacion.
Ahora... porque seguir intentandolo si nada te hace feliz de todos modos?. Todo esto hace que te sientas aun peor y te ves atrapada en un circulo vicioso. De repente te encontras viviendo en camara lenta. Los dias se vuelven indistinguibles...solo ruido blanco, pesadez llenando tu mente y esparciendose por tu cuerpo. Sentis que no volveras a ser nunca feliz.
Seguis alejandote y destruyendo relaciones. Estas avergonzada de todo lo que has hecho y todo lo que aun no. Hay una parte tuya que quiere arreglar las cosas. Un repentino sentimiento positivo que hace que desees salir y ver gente, pero...todo dura muy poco, porque sabes que no va a funcionar de todos modos. Las cosas que emocionan a tus amigos te parecen indiferentes y te deja consciente de la brecha que hay entre vos y ellos.
Otro fracaso no es una opcion, asi que al final elegis estar sola en tu zona de confort donde nadie hace preguntas.  La baja autoestima y la falta de proposito se vuelve insoportable. Finalmente te das cuenta que no podes continuar asi y suceden una de dos cosas: decidis buscar ayuda o bien ...puede que intentes suicidarte.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Aprendió a no vivir del pasado, y el futuro que quería se hizo realidad

domingo, 12 de noviembre de 2017

Si vos estas feliz, yo estoy feliz.
Si vos estas triste, yo...te hare feliz.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Little girl inside, everything is fine
We've got through all the pain and even got to keep our minds
Sometimes we still get crazy but not the way we used to
When the love that you know now is nothing you were used to
Sometimes you have to stop feeling sorry for yourself
And love you that way you can teach anybody else
If it's pain that you were feeling 
you release it until it's dop
Or else it will get stronger and just beat until you drop
You're alot smarter than you're ever given credit for
Lived like a simili lessons are a metaphor
I hope one day you're strong enough to break free from the cage
And that everything inside you is the reason I've been praying and
It's you and me, and everything we are is everything we'll be
I swear I'll always love you I know you feel the same
And I just wanna say you made it through the rain
We´ve been and seen so much in this life.

domingo, 23 de abril de 2017

Hay muertos que no olvido y vivos que para mí, ya murieron.

jueves, 20 de abril de 2017

Erase una vez...

Este es uno de esos textos que siempre quise escribir, pero siempre lo posponía. Quizá por cobardía o porque nunca será agradable confesar que uno fue víctima de un problema tan común pero a la vez vergonzoso para quien lo padece. Fue a raíz de que vi la serie "13 reasons why"cuando vinieron a mi mente algunos momentos de mi vida que sí bien, forman parte del pasado, en su momento me provocaron varios golpes.

Se dice que el bullying es algo actual, que la sociedad es ahora impiadosa. Mentira. Yo lo sufrí en carne propia veintidós años atrás. Hoy me pregunto cómo viví angustiada tanto tiempo, cómo lo soporté, pero el bullying es algo de lo que uno no se puede escapar si no hay ayuda. Cuando se dan las condiciones propicias, el agresor y sus agresiones lo atrapan a uno en una red que día a día aprieta más fuerte, el mundo continúa girando fuera de la misma como si nada, pero para el agredido todo lo que está afuera de la red pasa a un segundo plano, lo importante es como poder sobrellevar la presión que nos asfixia más y más.

Una de las razones por las cuales me transformé en la víctima perfecta es porque era insegura. Ahora me doy cuenta de que la mayoría de estas cosas venían dadas por las inseguridades de mi padre quien me inculcó desde chica sus debilidades, con su carácter represivo, sus gritos y su intransigencia. Creo que esa actitud fría y agresiva me marcaron sobre todo en mi infancia y primera adolescencia. 


Creo que para que exista el bullying tienen que haber dos actores: el acosador y el acosado. Y lo que siempre me asombró, aun ahora no me lo puedo explicar, es por qué nunca nadie me defendió, me refiero a mis profesores y a mis otros compañeros, ya que muchos sabían de la situación pero nunca nadie salió en mi defensa. Preferían mirar para otro lado.


Nunca supe exactamente por qué fui víctima de burlas. Fue por ser como soy? Por mi personalidad?. Tampoco cómo comenzó ni el momento en el que terminó. Un día el problema estaba ahí, y por mucho tiempo me acompañó como una sombra que de vez en cuando se las ingeniaba para recordarme que siempre andaba tras de mis pasos.

El comienzo del suplicio fue en cuarto grado. Los que me agredían era un grupito reducido de nenas. Con sus agresiones, trataban de ocultar sus propias inseguridades, sentirse más fuertes. Una de ellas las lideraba y era quien me agredía verbalmente y físicamente, las demás aprobaban cualquier cosa que dijera con sus risitas.

Algunos recuerdos son borrosos, la memoria es piadosa y pone barreras a lo que nos hace daño, pero recuerdo que al comienzo las burlas se referían sobre todo a mi condición de buena alumna y a las excelentes notas que yo sacaba (ironía de la vida, en mi adolescencia no era buena alumna, por esta razón).

“Estudiaste, Muller?”, me preguntaba mi acosadora, “claro que estudiaste”, se respondía ella misma ante las risas y las caras burlonas de sus amigas, “estudiaste porque es lo único que hacés, rarita”.

Los que me conocen ahora, enérgica y decidida, se preguntan, pero cómo no le partiste un libro por la cabeza y la insultaste con esos insultos tan creativos que siempre decís cuando algo no te gusta? Yo era otra, era una niña insegura que intentaba entender un trauma. Estaba encerrada en esa red que incluía el colegio, mi casa, mis miedos, mis traumas, y mis acosadoras eran la cuerda que la tensaba día a día.

Recuerdo mi sentimiento de angustia y soledad de que nadie pudiese acercarse a mi ya que estaban amenazados. La tortura y desesperación que muchas veces significaba ir a clases. El caso es que el colegio fue un infierno para mi. Sentir ese desprecio, sin valor y lidiar con la burla. De ahí vengo. Pero ahora se que eso lo sentí porque permití que eso me afectara. Cada quien tiene y ha tenido sus propias " cargas" en esta vida. La mayoría de esas "cargas" optamos por llevarlas a cuestas de una manera voluntaria y no tan consciente.En toda mi vida me han dicho que mi bullying sufrido no era tan grave, que exageraba, que a los 10 años no podes sufrir tanto como en la adolescencia. Ellos no vivieron los insultos, el aislamiento, los comentarios en voz baja, el acoso constante, la espera de que llegue al colegio para agarrárselas conmigo, los robos de desayuno, las amenazas, las golpizas, la roturas de los cuadernos, los escondites de los anteojos, las charlas innecesarias con la psicopedagoga para resolver de que no me peguen mas. No, nunca lo entenderán, porque no lo han padecido. La indiferencia hacia este problema contribuye a que este se fortalezca.

A pesar de que los pensamientos suicidas se apoderaron en muchas ocasiones de mi. No haber formado parte de las estadísticas, tuve la suerte de poder romper la red que me tenía atrapada, aunque cuando leo en el diario algunos actos violentos de chicos o chicas acosados, veo que no todos pueden hacerlo. 

Aunque creo haberme liberado de la red, a veces vienen a mi memoria esos años de sufrimiento en la escuela y me pregunto cuánto mejor lo hubiese pasado si no hubiese estado atrapada. Ojalá este mensaje dé una luz de alerta y sirva para que los acosadores tomen conciencia del mal que pueden hacer: las heridas infringidas –les juro– nunca cicatrizan del todo.

martes, 27 de septiembre de 2016

La persona que te destruye, no es la que golpea tu vida con más fuerza...
Es la que provoca que te destruyas con tus propias manos.
Un aprendizaje que duro años de vida.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Los objetivos y el camino

Si la vida tuviera un objetivo, las cosas no serían tan hermosas, porque un día llegarías al final y después todo sería sencillamente aburrido. La vida aborrece la monotonía. En cuanto alcanzas cierto estado, la vida te da otro objetivo. El horizonte no deja de aparecer delante tuyo, jamás lo alcanzas, siempre estás “en el camino”… a punto de llegar. Y si entendés eso, la tensión en tu mente desaparece, porque la tensión está, justamente, en buscar constantemente un objetivo, en llegar a alguna parte.

La mente continuamente anhela una llegada, mientras que la vida es una continua partida y llegada… llegar, para volver a partir, y así. No tiene una finalidad. Nunca es perfecta, y ésa es su perfección. Es un proceso dinámico, no algo muerto y estático.

La vida no se halla estancada, fluye y no hay otra orilla. Cuando comprendes esto, comenzás a disfrutar del viaje en sí. Cada paso es una meta, y no hay un objetivo. Esta comprensión, una vez que se asienta en tu interior, te relaja. Entonces no hay tensión porque no hay lugar a dónde ir, salvo hacia vos mismo.

domingo, 31 de julio de 2016

El amor de los gatos

Solamente quien no conozca los gatos puede decir que estos sean frios , o tengan poca fidelidad al amo.
Al hablar de la fidelidad de una mascota por lo general la gente piensa inmediatamente en el perro. Sin embargo aquellas personas que disfrutamos del amor y la compañía del gato, sabemos la fidelidad y afecto de estos hacia sus amos, que puede llegar a extremos de entrega y sacrificio.
Aparte del vinculo afectivo que vincula a la gata con sus cachorros, su entrega es tal que puede llegar a dar su vida por ellos, los gatos domésticos no manifiestan un apego especial con sus congenres.
Dos o mas gatos que vivan en la misma casa pueden hacerse mutua compañia y hasta ser afectuosos entre ellos, mas por lo general, el unico vinculo importante y profundo para un gato , es el que lo une con su amo. La relacion entre el amo y el humano puede hacerse mas estrecha de la que se establecen estre dos gatos.
Para nadie es un sereto que los gatos son animales independientes, capaces de autoabastecerse en cuanto a alimentacion se refiere, que no soportan estar encerrados por mucho tiempo. No obstante los lazos que crean con sus amos llega a ser tan fuertes y de tal compenetracion, que echan en duda cualquier teoria o duda al respecto.
El lugar en el que vive felizmente y la figura del amo afectuoso, se funden en una unica entidad a la que el animal se siente profundamente ligado. Se une con un profundo sentimiento de apego a la persona le atiende y le manifesta su amor. y que no duda en dirigirle palabras cariñosas o en tomarlo de los brazos y acariciarlo,
En realidad hay que decir que la capacidad de encariñarse con el amo, depende directamente de lo que este haga por ganarse su cariño. Con el gato no sucede como con el perro, animal dispuesto a querer a cualquier amo, aunque este sea malo y lo maltrate. El amor del gato es muy valioso, ya que el amo debe ganarselo. Ciertamente el gato se encariña solo con las personas que lo tratan bien, que le proporcionan alimento y abrigo: exactamente lo que ocurre con los seres humanos.

viernes, 15 de abril de 2016

“Every time you look up at the stars, it’s like opening a door. You could be anyone, anywhere. You could be yourself at any moment in your life. You open that door and you realize you’re the same person under the same stars. Camping out in the backyard with your best friend, eleven years old. Sixteen, driving alone, stopping at the edge of the city, looking up at the same stars. Walking a wooded path, kissing in the moonlight, look up and you’re eleven again. Chasing cats in a tiny town, you’re eleven again, you’re sixteen again. You’re in a rowboat. You’re staring out the back of a car. Out here where the world begins and ends, it’s like nothing ever stops happening.”


martes, 5 de abril de 2016

Me miraste y te pregunté:
Qué has visto en mí?
Una flor en medio de un campo en ruinas, contestaste.

sábado, 26 de marzo de 2016

Antes pensaba que exigir era parte del contrato y yo exigía ser amada y tratada de la misma forma. Pero el amor no se trata de merecer ni de exigir, se trata de querer sin esperar nada a cambio, de respetarte y no perderte en el proceso, se trata de ser querido; empezando por uno mismo.

martes, 15 de diciembre de 2015

Una de las mejores sensaciones es saber que te quieren. Saber que alguien quiere hablar con vos, que quiere saber cómo estás, que quiere verte. Ya sea que tome el teléfono para enviar un texto rápido o pasar por tu casa para saludarte, alguien algo les recuerda a vos específicamente. Se siente muy bien saber que has estado en la mente de alguien y que se preocupan lo suficiente como para hacértelo saber.